miércoles, 1 de septiembre de 2010

Una chica y un muchacho

En este desafío, teníamos los nombres de los capítulos de un libro que desconocemos. En base a ellos, realizamos una especie de síntesis de lo que nosotros nos imaginamos que se trataba cada capítulo.

“Una chica y un muchacho”

Mi biografía

Me llamo Mariano, tengo 16 años. Tengo los ojos color miel, el cabello castaño, la tez clara y soy de estatura mediana. Vivo en Quilmes, un barrio de Buenos Aires y voy al Colegio San Martín. En mi clase, soy el invisible. Paso desapercibido por entre mis compañeros. A nadie le voy ni le vengo. Mi historia se basa en que soy adoptado y siempre tuve problemas para adaptarme. Puedo reconocer que soy bastante antisocial, creo que por eso nunca tuve muchos amigos, talvez algunos chicos de mi curso con los que compartí algún trabajo pero nunca fue más allá de eso. Tengo 4 hermanos; Daniela, Franco, María Emilia y Paloma, a diferencia mía, ellos no son adoptados lo que me hace sentir bastante incomprendido, soy como la oveja negra. Mis padres se llaman Marcelo y Valeria, son bastante distraídos, pero se desvivieron por complacernos siempre.

Compréndanme no soy un genio

Respecto a mi desempeño escolar bueno,.. Ehm… no hay mucho que decir. Soy una persona responsable pero nunca fui de esos alumnos aplicados que sobresalen en todo. Lamentablemente mi hermana Daniela es todo lo contrario, es abanderada y los demás no se destacan pero de todos modos, les va bien. Es por esto, que cuando nos notifican de nuestras calificaciones es inevitable que me comparen con ella.

Cinco perritas tiene mi tía

Atrás de casa, vive mi tía Rosalía. Ella es de esas personas gruñonas e impredecibles. Sin embargo, siempre me invita a pasar y tomar el té. E incluso mis hermanos dicen que me prefiere antes que a ellos. Tiene cinco perritas que son su devoción, siempre está pendientes de ellas y me encanta darles de comer y bañarlas. Es una de las cosas que comparto con ella.

Igual que un náufrago

Hace ya tres meses me he pasado las tardes pensando en mis verdaderos padres. No porque desmerezca a mi familia actual pero… siento la necesidad de saber sobre mi pasado. Definitivamente, debía emprender viaje. Hoy averigüé, antes que nada, que siguen vivos y viven en una pequeña localidad de Mendoza. Entre la ansiedad y los nervios, esa noche, no pude dormir. Me sentía solo. Solo como un náufrago. Al día siguiente se lo comenté a mi familia. Como era de esperarse, me entendieron y asintieron a darme permiso para hacerlo. Mi hermana Paloma, siempre tan buena y comprensiva se ofreció a acompañarme, pero… debía pensarlo. Prefería estar solo.

Por fin llegamos al palacio

Estuve viajando toda la noche en avión. Llamé a un número que me habían facilitado unos días antes. Me comuniqué con mi familia. Me atendió una voz muy fría y me informó que me comunicaba con la Residencia Jones. Luego me pasaron con una persona que me habló de forma muy correcta utilizando términos que yo desconocía. Hice el máximo esfuerzo por no sonar desesperado pero, realmente toda la conversación estuve esperando que me invitaran a conocerlos.. y eso hicieron. Al otro día, me levante muy temprano y emprendí viaje hacia “mi casa”, donde me esperaban mis verdaderos padres. El trayecto se hizo interminable hasta que escuché decir al chofer:- ¡Por fin llegamos al palacio!. Me quedé atónito, el lugar era inmenso y muy lujoso, ahora si, me sentía mucho más nervioso.

Llegan las visitas

Entré al palacio. Me esperaban dos personas. Una mujer alta, de ojos marrones que me miraba curiosamente y un señor de pelo canoso, con unos grandes ojos color miel. Eran mis padres. Estuve hablando con ellos un buen rato, pero me sentía muy incómodo. Me contaron que habían invitado a muchos amigos suyos para celebrar mi visita. Luego de la cena, recorrí esa gran mansión llena de detalles y asistentes. Entré a mi habitación y me desperté al otro día bastante tarde. Escuchaba mucho murmullo, así que bajé en puntitas de pie y me encontré con muchas personas que me miraban de forma extraña. Todas vestidas de gala y yo… no sabía dónde meterme. Definitivamente, ya habían llegado las visitas.

Detective

Después de un almuerzo especial con toda la gente, conversé con mis padres adoptivos, estaban preocupados, les avisé que todo estaba bien y les conté mis primeras experiencias allí. A la tarde, Rebeca y Héctor (mis padres genéticos) me llamaron para hablar con ellos. Me contaron que hicieron durante toda su vida, mientras yo vivía normalmente en Quilmes. No me sorprendí al descubrir que yo no había sido un hijo planeado. Llevaban varios años de casados, me caían muy bien, eran una familia bastante conservadora, generosa y con muchos amigos. Durante aproximadamente 3 horas les pregunté sobre sus vidas, me sentía todo un detective.

Mis ojos, ¿son interesantes, o son solo ojos?

Entre tanta gente, me perdían de vista a cada rato. Sin dudas, eran todas familias de protocolo. Todas iguales y aburridas. Pero solo una persona se destacaba. Era una chica que parecía de mi edad, tenía ojos color café, el pelo rubio y largo, que le llegaba a la cintura y una sonrisa radiante. Me distraje mirándola. Hasta que me llamaron para presentarme a una familia, ya no me acuerdo el apellido… Lo único que noté fue que durante la conversación ella no me quitaba los ojos de encima, lo mismo que me había pasado a mí, tan solo unos minutos atrás. Y fue ahí cuando me pregunte: Mis ojos,¿ son interesantes, o talvez son solo ojos..?

Amor

Me encontré con ella varios momentos del día. En el jardín, hasta entablamos una conversación. Se llamaba Melisa. Me pregunto sobre mi vida, mi familia, mis actividades y me contó sobre la suya. Yo estaba fascinado y ella parecía bastante entretenida. Nunca me había sentido así, la pasaba muy bien junto a ella. Era tan buena y amable, que fue la primera persona del lugar con la cual pude ser yo mismo, sin fingir que me interesaban tales cosas y tales otras. Paseamos juntos un buen rato, nos divertimos mucho. Nunca tuve novia, ni nada por el estilo, pero comprendí que estaba enamorado.

El milagro

Me desperté temprano para pasar un rato con mis padres. Desde que conocí a Melisa casi ni les había prestado atención, solo habíamos decidido que viviría en Buenos Aires con mi familia adoptiva y vendría a Guaymallén cada dos meses para visitarlos. Estaba muy satisfecho con mi visita, había hallado lo que buscaba, saber sobre mis verdaderos padres. Y ellos eran muy cariñosos conmigo. Cuando hablé con ellos, ya no sentí tanta tensión pero sin embargo me apuré porque habíamos quedado en encontrarnos con Melisa afuera, en el patio. En plena conversación, y cuando menos me lo esperaba, me confesó que estaba enamorada de mí. Era como un milagro, no sabía de qué manera reaccionar. Luego me sonrió, le dije que yo sentía lo mismo y le di un beso.

Un problema que no esperaba

Estaba muy feliz, la pasaba muy bien junto a Rebeca y Héctor, extrañaba a mi familia pero era un paso que debía dar en mi vida, todo estaba más que bien. Pero esa tarde, surgió un problema que no esperaba. Mis padres adoptivos llamaron avisando que mi hermana, Maria Emilia había tenido un accidente con la moto, mi madre estaba preocupada y en medio de la conversación, se quebró y empezó a llorar desconsoladamente. Mi papá me habló y me dijo que no quería molestarme ni presionarme para que vuelva, solo ponerme al tanto de lo que había pasado. Me sentí muy mal y no iba abandonar a mi familia en este momento, así que preparé mi valija y compré un boleto que salía directo a Quilmes dentro de 4 horas.

Nos invitan a una fiesta

Llegué a mi ciudad, mi hermana no estaba del todo bien. Mientras esperaba para entrar a la sala para verla, sonó mi celular, era Melisa. Yo le había dejado un mensaje en el contestador, contándole de mi situación. Primero, preguntó por Emilia, le conté todo y luego me dijo que estábamos invitados a una fiesta muy importante, mis padres querían que asistiéramos, según ellos en esa reunión todas las parejas jóvenes se presentan a la sociedad… Justo en ese mismo momento, mi tía me avisaba que mi hermana no estaba mejorando y debían llevarla a cirugía. Estaba muy nervioso, así que le respondí muy enojado, que no podía preguntarme eso mientras una persona de mi familia se estaba muriendo, que estaba fuera de lugar. Melisa, se largó a llorar y me cortó.

¡Que mal estuve!

Creo que me había dormido. Cuando abrí mis ojos estaba mi papá a mi lado. Me contó que había salido todo bien y que Emi estaba bien. Luego, entré a su habitación, donde estaban todos mis hermanos y mi mamá. Me contaron todo lo que había pasado y yo también le conté mis experiencias en Guaymallén. Le conté lo de Melisa, les conté absolutamente todo. Me dijeron que no sea bobo, que la llame y que le pida perdón, así que ni bien terminó nuestro turno de visitas, marqué su número y no contestó. Mientras esperaba que me atienda reflexioné, estaba arrepentido, y mi familia tenia razón, no podía dejarla ir. Me atendió. Y antes de que dijera le pedí perdón por mi actitud y le expliqué que estaba muy nervioso por eso dije esas cosas que la hirieron tanto. Aceptó mis disculpas y me dio una de las mejores noticias de mi vida, ella vendría a estudiar a Buenos Aires así que nos veríamos todos los fines de semana. Y así termina mi historia, con mi pasado bien en claro, con la familia y la chica que amo.

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